Discriminación y salud

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Mireia Utzet

La discriminación se refiere al proceso por el que una o varias personas de un grupo socialmente definido son tratados diferente (de manera injusta y peyorativa) por el hecho de pertenecer a dicho grupo (1). Se trata de un fenómeno socialmente estructurado y sancionado, justificado por una ideología (normalmente basada en ideas como la superioridad innata) y expresado como interacciones entre individuos e instituciones. Además, mantiene y reproduce tanto relaciones de dominación y subordinación, como privilegios para los miembros de los grupos dominantes y privación y opresión para el resto (2).

Existen diferentes tipos de discriminación debidos al género, la etnia, la orientación e identidad sexual, la clase social o la religión. Así pues, diferentes grupos pueden experimentar discriminación y una persona puede experimentar varios tipos de discriminación a la vez, lo que se denomina la discriminación múltiple (por ejemplo, por raza y género). Uno de los grupos sociales más frecuentemente discriminados es el de las personas inmigrantes, y especialmente aquellas con una posición socioeconómica inferior (3). Además, los comportamientos discriminatorios presentan una variedad de expresiones (de verbal a violenta, mental, física o sexual) (4) y se pueden sufrir tanto en la vida pública como privada (en casa, en la escuela o en trabajo, en los medios de comunicación, etc.).

La discriminación puede ser estructural, institucional o interpersonal

La discriminación puede ser estructural, institucional o interpersonal. La discriminación estructural incluye todas las formas o sistemas por los que las sociedades fomentan la discriminación (como por ejemplo el acceso vivienda, el sistema educativo, el mercado laboral, la salud, la justicia, etc.) y que fortalecen las creencias y valores discriminatorios (2). La discriminación institucional se refiere a las políticas o prácticas discriminatorias que realizan el estado o las instituciones (por ejemplo, el salario diferente según el género). Y la discriminación interpersonal se refiere a las interacciones entre individuos que son discriminatorias (tanto en la vida pública como en la privada).

La OMS considera la discriminación un determinante de la salud de las personas (5), y en este sentido desde hace varios años han proliferado los estudios que analizan la asociación entre discriminación (racismo básicamente) y salud, principalmente en los Estados Unidos, y centrándose en la discriminación interpersonal (2). Existen revisiones que demuestran que el racismo, a nivel interpersonal, se asocia con mala salud mental (6, 7), con problemas del sueño (8), con la hipertensión (9) y con problemas de salud relacionados con el consumo de alcohol (9). También existe evidencia que hay discriminación por raza (10) en el sistema sanitario (por ejemplo en la interacción médico – paciente), que tiene consecuencias para la salud del paciente. Un informe reciente (11) destaca la importancia de tener en cuenta el racismo estructural para entender las desigualdades de etnia en el estado de salud y el acceso sanitario en los Estados Unidos. En Europa, la evidencia científica aportada en este ámbito es aún más limitada. Destacan varios estudios que demuestran que la discriminación percibida se asocia con mala salud en la primera generación de inmigrantes de países de renta baja (12) así como entre los inmigrantes en Alemania (13). En cuanto al caso español, se ha demostrado que existe asociación entre discriminación por país de origen (3, 14) y varios indicadores de salud.

Por otro lado, a pesar de que la discriminación por género puede ser especialmente dañina y que el sexismo (en el lugar de trabajo, los medios de comunicación, etc.) está enquistado en nuestras sociedades, el impacto de esta discriminación (así como de la interacción con raza y clase social) en la salud ha sido poco analizada (15, 16). Destacan varios estudios que demuestran que el sexismo se asocia con malestar psicológico (17,18, 19) y con varios indicadores de salud física y mental (20), y una revisión que evidencia que la discriminación por género se asocia con problemas relacionados con el alcohol (21). También se ha demostrado que la discriminación múltiple que pueden sufrir las personas transgénero implica un estrés crónico que aumenta el riesgo de padecer mala salud mental y física (22). Finalmente, también existe evidencia acerca de la discriminación por género (23) en la interacción médico – paciente en el sistema sanitario.

El principal factor causal por el que parece que la discriminación percibida afecta la salud mental y física es el estrés (16). Éste puede desencadenar varios mecanismos, como respuestas fisiológicas y psicológicas negativas (que pueden implicar problemas de salud físicos o mentales), el aumento de comportamientos insanos (como fumar y consumir alcohol) o problemas del sueño, que pueden afectar la salud mental o física (8).

A pesar del creciente interés en el análisis de la discriminación y su impacto en la salud, hace falta más investigación en aspectos como el impacto de la discriminación institucional y estructural (11) o el racismo ejercido por los proveedores de salud (24), para planificar intervenciones orientadas a reducir las desigualdades raciales en salud.

 

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