El entorno urbano y la salud

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Maite Morteruel

Los entornos urbanos en los que habitan las personas (barrios, escuelas, lugares de trabajo, entre otros) y sus características, tanto físicas como sociales, tienen gran influencia sobre su salud (1). Cuando hablamos de características físicas nos referimos a aspectos como la planificación urbana, el diseño de los espacios y de los equipamientos urbanos, la forma en que las personas se mueven y se desplazan a lo largo de la ciudad, la cantidad de zonas verdes y de esparcimiento o la disponibilidad de productos saludables (2).

En la literatura científica se ha estudiado la asociación que existe entre estos elementos y la salud y se ha visto cómo, por un lado, influyen en aspectos psicosociales, como la seguridad, la autoestima colectiva o la cohesión social y, por otro, sobre las conductas relacionadas con la salud. Así, las ciudades con una configuración más dispersa presentan mayor aislamiento social, mientras que aquellas más compactas y en las que se dan diferentes usos (comerciales, viviendas, ocio, escuela, lugares de trabajo, etc.) en un mismo espacio, hace que los flujos de personas sean más diversos y previene los fenómenos de segregación urbana (3, 4). Por su parte, la disponibilidad de espacios y equipamientos de uso público, zonas verdes y de esparcimiento, mejora las oportunidades para el encuentro social, incrementa el sentido de comunidad y promueve la cohesión social (5). Sin embargo, un mal estado del mantenimiento de estos espacios, así como la presencia de suciedad o la mala iluminación pueden revertir estos efectos positivos, incrementar el riesgo percibido de delincuencia y la inseguridad por parte de las personas (6), reducir el uso de estos espacios y, con ello, minimizar las oportunidades para la relación social en estos entornos (7).

En cuanto a la influencia de las características físicas de las ciudades sobre las conductas relacionadas con la salud, se ha estudiado con profundidad la asociación que existe con la actividad física. Así, las personas que residen en ciudades con mayor densidad urbana y en las que conviven diferentes usos de los espacios, tienen mayor probabilidad de padecer sobrepeso y obesidad (8). Igualmente, el diseño y la calidad del sistema de transporte público y de las infraestructuras para la movilidad activa –como pavimentos o carriles bici-, así como la conectividad entre diferentes zonas urbanas, influyen de manera relevante en las formas en que las personas se desplazan en la ciudad, aumentando o reduciendo las oportunidades para la práctica de actividad física cotidiana (9). En este sentido, y a pesar de que la evidencia no es concluyente, residir en zonas urbanas que disponen de más zonas verdes de calidad en su proximidad, se ha asociado con mayores niveles de actividad física y con menores niveles de sobrepeso y obesidad (9). Igualmente, un entorno que carece de barreras arquitectónicas y dispone de zonas de esparcimiento, así como de equipamientos seguros y de buena calidad, determinan en buen grado la actividad física por parte de las personas residentes (10).

Los entornos físicos también juegan un papel muy importante sobre el modo de alimentación o el consumo de alcohol

Además de la actividad física, los entornos físicos también juegan un papel muy importante sobre el modo de alimentación o el consumo de alcohol. Esta influencia de los llamados ‘entornos alimentarios’ tiene que ver con la disponibilidad de establecimientos de venta o consumo de alimentos -como tiendas, supermercados, máquinas expendedoras, restaurantes o cafeterías- y su mayor o menor oferta de alimentos saludables con respecto a las opciones menos saludables. En países como Reino Unido, se ha estudiado cómo, en aquellas zonas urbanas en las que existe un mayor número de establecimientos de comida rápida y mayor presencia de comida no saludable en los supermercados locales, los índices de sobrepeso y obesidad en la población infantil y adolescente se incrementa (9). Asimismo, los entornos pueden promover el consumo de bebidas alcohólicas, aumentando la oferta o la visibilidad de estos productos a través de la publicidad o su exposición en el entorno, y contribuyendo a la normalización y aceptabilidad social del alcohol en las ciudades (11).

La forma en cómo se distribuyen las personas en la ciudad no es homogénea, sino que tiene que ver con factores como la posición socioeconómica o el lugar de origen. La segregación social en las ciudades se explica, entre otros factores, por la mayor posibilidad que tienen los grupos con una posición socioeconómica favorable para elegir su lugar de residencia (12). Cuando se analiza el estado de salud de las personas que residen en una ciudad atendiendo a los distintos barrios, se observan diferencias entre aquellas zonas más y menos “bienestantes”. Ello puede explicarse, tanto por las características propias de las personas que residen en unos barrios u otros como por el hecho de que esas personas estén expuestas a entornos diferentes que son más o menos saludables. . Así, en las zonas urbanas de menor nivel socioeconómico se ha encontrado, por ejemplo, que existe una asociación más fuerte entre la exposición a la contaminación ambiental y la mortalidad (13), así como una mayor exposición a otros riesgos ambientales, como el agua de consumo de menor calidad o el ruido (5).

Por otra parte, las personas con condiciones socioeconómicas desfavorables pueden verse afectadas de manera distinta por las características o intervenciones que se desarrollan sobre el medio urbano. Así, por ejemplo, los entornos físicos en condiciones de mal estado y suciedad, que son percibidos como inseguros y con diseños urbanísticos poco favorables para la adopción de conductas saludables como la actividad física o las relaciones sociales, tienen un efecto negativo en la salud física y mental de las personas que los habitan, pudiendo ahondar en la situación de desventaja socioeconómica y en términos de salud de las personas que viven en estas zonas (5). Por otra parte, en Reino Unido se ha mostrado que, en aquellas zonas socioeconómicamente más desfavorecidas existe una mayor concentración de tiendas de comida rápida, y que, además, esta población es más vulnerable a los efectos negativos de este tipo de alimentación (5, 9).

Como conclusión, podemos afirmar que las ciudades, su planificación y su diseño pueden actuar potenciando la salud de sus habitantes a través de diferentes medidas, orientadas a mejorar la calidad del espacio público, o de sus equipamientos y a hacer que las opciones saludables sean las más fáciles. Además, pueden contribuir a reducir las desigualdades sociales en salud a nivel urbano, poniendo especial énfasis en las características y el estado de aquellos barrios o zonas más vulnerables y en las necesidades y potencialidades para la salud de sus poblaciones.

 

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