Medio ambiente y salud

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Isabel Mosquera

La salud de la población se ve determinada por múltiples factores, tanto individuales como del entorno físico y social en que viven las personas (1). Dentro de la diversidad de factores que condicionan el entorno físico, los relacionados con el medio ambiente resultan de gran importancia para la salud de la población. Así, vivir en un entorno en el que el agua sea de calidad, el aire sea limpio y no existan niveles excesivos de ruido constituyen requisitos básicos para la salud. Por ello, la contaminación del agua y el aire, así como el exceso de ruido, suponen amenazas a la calidad de vida de la población y para el desarrollo de una vida saludable.

La disponibilidad de agua de buena calidad es importante tanto para su consumo directo, como para realizar el trabajo doméstico, la preparación de la comida y los usos recreativos. La mala calidad del agua se relaciona con la transmisión de enfermedades como el cólera, la disentería, la hepatitis A o la poliomielitis, que en ocasiones pueden llevar a la muerte (2). Además, es preciso tener en cuenta que los procesos industriales, y la utilización de fertilizantes, de insecticidas, de medicamentos o de fragancias generan residuos que contaminan el agua. Por ejemplo, se ha descrito que el bisfenol A, empleado como plastificante, y ciertas sustancias desinfectantes podrían producir cáncer (3). Asimismo, se sabe que la contaminación del agua con metales pesados resulta en una alta toxicidad para los seres humanos, como en el caso de una exposición crónica al mercurio, que puede causar pérdida de memoria, depresión, daño renal y neurotoxicidad (4).

En lo relativo a la calidad del aire, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció unos límites para contaminantes atmosféricos que conllevan riesgos sanitarios. Se trata concretamente de material particulado (esto es, partículas sólidas o líquidas suspendidas en el aire; PM), ozono (03), dióxido de nitrógeno (NO2) y dióxido de azufre (SO2) (5). Diversos estudios han mostrado que la contaminación del aire se relaciona con el cáncer de pulmón (6), las enfermedades cardiovasculares (7, 8), el asma (9, 10, 11), la diabetes tipo 2 (12) y una menor esperanza de vida (13).

Además, existe evidencia científica acerca de los efectos adversos que tiene en la salud de los/as menores la exposición a contaminación ambiental en general y relacionada con el tráfico en los entornos escolares en concreto. Las partículas PM2,5 y PM10 en suspensión, emitidas por vehículos diésel y el desgaste de los neumáticos, pueden llegar al cerebro vía sanguínea y respiratoria produciendo inflamación en la salud de niños y niñas. Los dos impactos más estudiados en este grupo de edad son el aumento del riesgo de problemas respiratorios y el retraso en su desarrollo cognitivo. En relación con los primeros, se ha mostrado un aumento del 45 % del riesgo de padecer asma derivado de contaminantes provenientes del tráfico rodado (14). En cuanto al desarrollo neuropsicológico, varios estudios muestran una menor capacidad de atención (15) y memoria de trabajo en niños y niñas, que se mantiene a largo plazo (16), y un retraso en su desarrollo cognitivo (17, 18).

Por otro lado, el exceso de ruido o la contaminación acústica que generan los medios de transporte en las ciudades es una de las fuentes de malestar más destacadas por las poblaciones (19). Una de las consecuencias sobre la salud que más se ha documentado es la pérdida de audición inducida por ruido (20), a la cual se pueden añadir los efectos indirectos de esta pérdida auditiva, como el deterioro de la comunicación interpersonal (21, 22). Además, el ruido altera los patrones del sueño, reduciendo su calidad (23), lo cual, si se da de manera continuada, tiene consecuencias negativas sobre la salud (24).

En Europa, la OMS recomienda que no se superen niveles sonoros de día (de 7 a 19 horas) de 55 decibelios [dB(A)] y de noche (23 a 7 horas) de 40 dB(A), puesto que la exposición a niveles superiores puede tener efectos sobre la salud de las personas (24, 25). De hecho, valores diarios (de día completo) a partir de 50 dB se han relacionado con el desarrollo de hipertensión, de enfermedad coronaria y de ictus (26), y en el caso de valores nocturnos a partir de 50 dB con la presencia de hipertensión e infarto de miocardio, y a partir de 60 dB con desórdenes psíquicos (24).

En conclusión,

La influencia de la calidad de agua y aire, y el ruido sobre la salud pone de manifiesto la importancia de velar por las condiciones medioambientales del entorno en que viven las poblaciones.

 

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