Trabajo doméstico y de cuidados, y salud

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Isabel Mosquera

La salud está determinada por múltiples factores sociales que influyen en nuestro estado de salud y que pueden dar lugar a desigualdades en la salud de la población (1). Entre estos factores cabe mencionar el trabajo reproductivo, es decir, aquel que engloba el trabajo doméstico y de cuidados informales a otras personas. Las mujeres realizan la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados (2, 3, 4), si bien ha aumentado la participación de los hombres en el cuidado, de menores principalmente (5), pero también de personas mayores dependientes (6, 7).

Dentro del trabajo reproductivo, la prestación de cuidados es el ámbito más estudiado en términos de sus efectos sobre la salud. Numerosos estudios han mostrado que cuidar tiene efectos en múltiples dimensiones de la salud y el bienestar de las personas, según el tipo de cuidado que se realice. En relación con el cuidado a menores, uno de los efectos más estudiados es el cansancio derivado de las tareas de cuidado (8, 9), así como los costes laborales que supone renunciar a un empleo remunerado o reducir la jornada de trabajo (5, 8), con sus consiguientes repercusiones sobre la salud. En el apartado Precariedad laboral, desempleo y salud se describe más detalladamente la influencia de las condiciones de trabajo y del desempleo en la salud.

Las personas cuidadoras de mayores reconocen un empeoramiento de su bienestar

En el cuidado a personas en situación de dependencia, los estudios analizan fundamentalmente las consecuencias de cuidar a personas mayores. El impacto más descrito es el de la sobrecarga de la persona cuidadora, que alude a un impacto negativo de cuidar en la situación física, psicológica, emocional, social y económica de la persona cuidadora (10, 11, 12). Además, las personas cuidadoras de mayores reconocen un empeoramiento de su bienestar (13, 14), cambios en las relaciones y estructura familiar (15, 16), menor participación laboral (13, 17) y sentirse aisladas socialmente (18, 19). Quienes cuidan presentan peor salud mental, emocional (20, 21) y física (14, 20) que las personas no cuidadoras, y con desigual impacto en mujeres y hombres (22, 23).

Cuidar no da lugar solo a efectos negativos sino que cada vez adquieren más importancia los efectos positivos atribuibles al cuidado y a la crianza

Sin embargo, cuidar no da lugar solo a efectos negativos, sino que cada vez adquieren más importancia los efectos positivos atribuibles al cuidado y a la crianza. Las personas cuidadoras refieren una diversidad de sentimientos satisfactorios, como son el crecimiento personal, la transmisión de valores, el sentido de responsabilidad, el amor o el afecto hacia la persona cuidada (8, 13, 15, 21, 24).

Los impactos de la prestación de cuidados no tienen la misma intensidad en todos los sectores sociales. Así, al analizar a la población cuidadora se aprecia que las mujeres tienden a asumir una carga de trabajo significativamente superior a los hombres, además de cuidar con una mayor frecuencia que estos (22). Estas desigualdades en los impactos se deben a que el contexto económico y social modera o potencia las consecuencias del cuidado. Factores como el estatus socioeconómico o las redes de apoyo formal e informal pueden modificar los efectos en la salud y el bienestar de la persona cuidadora. Se observa que las mujeres de posición social más desfavorecida y con nivel educativo bajo soportan mayores cargas de cuidado y disponen de menos recursos materiales para afrontarlos, lo que representa un mayor riesgo para su salud (23).

Por otro lado, también se observan desigualdades en los impactos del desempeño del trabajo doméstico cuando este se compatibiliza con trabajo remunerado. Cuando la distribución del trabajo doméstico es igualitaria, trabajar fuera del hogar tiene un efecto positivo sobre la salud de las mujeres con respecto a aquellas no cuentan con un trabajo remunerado. Sin embargo, cuando la distribución no es igualitaria, dicho efecto positivo se pierde en las mujeres (25).

 

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